Conductas delictivas en la adolescencia

Visión psicoanalítica

Desde una visión psicoanalítica, Sigmund Freud se refirió a la adolescencia como un período de excitación sexual, ansiedad y en ocasiones perturbación de la personalidad. Entre estas perturbaciones podemos encontrar las conductas delictivas, ya que, como veremos, estas son respuestas a una baja autoestima, una carencia de normativa y una falta de desarrollo de las habilidades sociales.

Visión psicosocial

Desde la perspectiva psicosocial de Erikson, la principal tarea que debe resolver el adolescente es la conformación de su identidad personal. Si bien la formación de la identidad es un proceso que dura toda la vida, este autor considera que la adolescencia es una crisis normativa, una fase de conflicto normal incrementado, donde el sujeto debe establecer un sentido de la identidad personal y evitar los peligros de la difusión de identidad. En las conductas delictivas, como veremos el adolescente no logró una identidad completa generándose una confusión del rol. El individuo asume un rol sin asumir la responsabilidad de este.

Visión sobre el aprendizaje social y cognitivo

Desde la perspectiva psicocognitiva, Robert Selman plantea una visión de la adolescencia centrada en la noción de cognición social. Esta es definida como “la capacidad para comprender las relaciones sociales”. Esta capacidad promueve la comprensión de los otros: sus emociones, pensamientos, intenciones y puntos de vista. La conducta delictiva del adolescente, puede verse fundada en un mal desarrollo de las habilidades sociales.

Albert Bandura postula que los niños aprenden por medio de la observación de la conducta de otros e imitándola. El denomina a este proceso Modelado. A medida que los niños van creciendo imitan diferentes modelos de su entorno social (hermanos, tíos, profesores y vecinos).

Muchos de las conductas delictivas se aprenden por modelamiento,

“Un modelo de acción posterior para el que participa de observador y posteriormente de actor

Los modelos de vida reales son aquellos que pertenecen a nuestro ámbito social como los padres, maestros, deportistas y otros.

Los modelos simbólicos incluyen aspectos verbales, películas, televisión e Internet y en los escritos los libros y las revistas.

Se ha demostrado que los programas de televisión pueden tener mayor influencia que los padres, también se ha documentado que las conductas, esto significa que el aprendizaje por observación abarca cualquier tipo de conducta análoga, como la imitación, la simple observación de la conducta del modelo parece ser suficiente para promover el aprendizaje social. Tanto los modelos equivocados, desviados, antisociales o bien la ausencia de modelos apropiados puede ocasionar deficiencia en las conductas. El aprendizaje por observación necesita la capacidad de mostrar actividad simbólica, así los símbolos sirven como mediadores entre las situaciones y nuestras reacciones y acciones, esto significa que el aprendizaje no solamente se puede transmitir al observar sino también a través de mecanismos simbólicos como las imágenes, conceptos y representaciones verbales.

Los modelos de vida reales son aquellos que pertenecen a nuestro ámbito social como los padres, maestros, deportistas y otros. Los modelos simbólicos incluyen aspectos verbales, películas, televisión e Internet y en los escritos los libros y las revistas. Se ha demostrado que los programas de televisión pueden tener mayor influencia que los padres, también se ha documentado que las conductas”[1] ???

Posibles causas de la conducta criminal

Desde edad temprana el niño aprecia las acciones que le sirven de conducta que luego adoptará. El modelo exhibido por los mayores a su cargo en etapas primarias, presentan generalmente fallas.

La ausencia o contradicciones de las normas de convivencia y de conducta, provocará un bloqueo normativo.

También la indiferencia ante sus reclamos (Ahora no!) o la falta de comunicación, van desilusionando y creando resentimientos que se profundizarán con el transcurso del tiempo, formando un Yo débil y poco seguro.

Juegos demasiado violentos, cuyo entretenimiento o distracción se enfoca en la muerte, irán endureciendo los sentimientos del infante.

Ese niño una vez llegada la adolescencia, no ha podido internalizar las normas externas representadas en la figura paterna, (generalmente ausente) y carece del afecto y cariño que necesita por parte de la madre, las cuales se traducen en descuido y abandono con un pobre desarrollo de las habilidades sociales (Juegos, deportes, etc)

Alteración de los roles

Es así pues que se alteran los roles que dieron paso a un nuevo modelo familiar, sustituyendo tempranamente a la familia por las barras y grupos de amigos.

Si agregamos el fracaso en la vida estudiantil, aumentan la posibilidad de un ingreso temprano a grupos de pares violentos, consumidores de drogas u otras adicciones, sin haber formado aún la identidad que les permita concebirse como algo separado y único, de un Yo fuerte.

Como se señalan en los apuntes de Psicología Evolutiva II del instituto Sigma de Grafología

“Durante la adolescencia es donde se inician todos los patrones de comportamientos adictivos, ya que por diversos factores (curiosidad, imitación, búsqueda de pertenencia) se empieza a incursionar en este tipo de conductas que pueden volverse adictivas y permanecer a lo largo de nuestras vidas.”.

Cómo se vive la adolescencia

La adolescencia constituye una etapa de desorganización, producto del cambio total de las relaciones objetales previas. El joven se enfrenta a una gran cantidad de objetos nuevos a integrar, pero esto se ve dificultado por las tendencias desintegradoras del odio que provoca este despertar. Este odio intensifica la disociación y la proyección de sus emociones, fantasías, y partes del yo que buscan objetos con quienes identificarse, para alejarse de la confusión y del caos interno, del cual dependen sus relaciones de objeto y sentimientos. Al mismo tiempo recibe e introyecta la ansiedad y sus objetos, que unidos a un sentimiento de bondad que permanece y que despierta el deseo de introyectar nuevas experiencias producen un equilibrio compensatorio, con una mayor integración, pero esta es cada vez más baja o nula según sus experiencias de gratificación. Esto se visualiza en la típica ambivalencia e inestabilidad de los adolescentes que se va volcando hacia una conducta violenta.

La rebeldía cómo escenario

Dado que en la adolescencia, el escenario tradicional es la rebeldía, en estos casos las figuras parentales ya están rebajadas. No hay a quien enfrentarse en la casa porque allí no existe ninguna ley. El lugar donde buscar el enfrentamiento, pasa a ser la sociedad – la ley penal – que siempre está.

La sociedad para ellos, nunca les ha dado nada, desean una reparación y se consideran con derecho a arrebatar lo que desean, a los que tienen.

En definitiva, como señala Miguel Angel Soria

“La integracion de la personalidad adulta tiene un momentao de especial significacion evolutivo, la adolescencia. Los estudios del comportamiento criminal a lo  largo de este periodo son extensos y de gran relevancia. Asi se producen los primeros contactos con los sistemas de control social (policia y/o justicia), las relaciones con los grupos de iguales, el consumo de drogas y/o alcohol, etc. Todo ella hace de la adolescencia una etapa critic a a nivel evolutivo y de aparicion de conductas criminales. La necesidad de subrayar la propia personalidad en fase de maduracion, la ruptura necesaria con el entomo familiar, traumatico

o no, la inseguridad personal y de abrirse a los retos y demandas de la sociedad conducen al joven a una situación tremendamente confusa, conflictiva y ambivalente.”[2]

CONCLUSIÓN

La influencia de la criminalidad adolescente, se sustenta por un desarrollo deficiente en las primeras etapas del niño.

Podemos identificar como características de estos adolescentes:

  • Baja autoestima
  • Falta de identidad definida
  • Carencia de respeto a las normas
  • Identificación con grupos o pares de amigos violentos
  • Tendencia al consumo de drogas y otras adicciones

Identificamos la baja autoestima en su relación con la imago materna que luego se incrementa con el desarrollo de habilidades industriales, escolares, etc.

La carencia de respeto a las normas las identificamos en una ausencia del imago paterna o existencia de normas contradictorias, que hacen incomprensible su asimilación.

Al no tener figura familiar a la que revelarse, sale a buscar la norma jurídica y social.

Podemos identificar la falta de identidad como consecuencia de las anteriores, por lo que busca identificarse con grupos de amigos violentos y adictos, carente de respeto por los demás, debido a un Yo corporal y psíquico débil.


[1] Extraído del MÓDULO I PSICOLOGÍA CRIMINAL OO5-PS, de la Unidad de Capacitación de Ministerio Público – Fiscalía General de la República de Guatemala, 2006, dictado por Licda. Miriam Cóbar Aguilera Docente psicóloga de UNICAP – Pags. Varias.

[2] La Psicologia criminal: Capítulo 2 – Desarrollo conceptual y ámbitos de aplicación – Miguel Angel Soria Verde – Pág. 32.

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