La psicología humanista

Causas del surgimiento de la psicología humanista

Surge como respuesta a la crítica de las dos corrientes psicológicas más importantes:

El psicoanálisis y la conductista.

Por entender que estas eran muy mecanicistas, deterministas y no daban mucho margen a la voluntad como elemento diferenciador y posibilitador de cambios en la persona.

Por un lado el psicoanálisis sostenía que la persona era dominada por el inconsciente, y por lo tanto no había mucho margen para el terapeuta más que intentar hacer consciente lo inconsciente para intentar dominarlo, pero bastaba con que el inconsciente se apodere del individuo para que la conducta no deseada se repita.

En definitiva lo único que lograba era darle una explicación, conocer la conducta.

La corriente conductista sostiene que son los factores ambientales, circunstanciales los que moldean la conducta, sin diferenciar al hombre del animal.

El terapeuta sólo podía trabajar en el cambio de estímulos. Pero bastaría que el individuo vuelva a someterse a los estímulos originales para que la conducta no deseada se vuelva a repetir.

Por otra parte, influye el momento histórico, tras la segunda guerra mundial se vive un clima de desánimo y desasosiego, por lo que era vital cambiar la mirada de la psicología a una mirada mas esperanzadora del individuo, dando significado a su existencia.

Esto se une a los pensamientos filosóficos existencialistas que empiezan a surgir de la mano de Soren Kierkegaard (fundador del existencialismo y profundamente religioso), Martin Heidegger, J.P. Sartre, entre muchos otros, todos con la mirada puesta en el ser y la autenticidad del ser.

Las necesidades previas a la autorrealización.

Todas las necesidades previas a la autorrealización son fundamentales para lograr la autorrealización.

Según Maslow, no podemos pensar en la necesidad siguiente si no tenemos satisfecha la necesidad que le antecede en la jerarquía habida cuenta que la primera necesidad es fisiológica (el hambre, la sed, la temperatura, el sexo, etc.).

Descartando las necesidades de déficit, y centrándonos únicamente en las necesidades de desarrollo,  debemos señalar que las necesidades de amor y pertenencia y las necesidades de estima son las más importantes para alcanzar la autorrealización.

Más concretamente podríamos señalar que se puede resumir en la necesidad de estima. Pues si nos amamos a nosotros mismos estaremos en condiciones de amar y recibir amor, la necesidad de pertenencia desaparece pues el individuo se siente integrado, le posibilita ser auténtico y a partir de ahí desarrollar su potencial.

La teoría de las motivaciones de Maslow.

El primer postulado de Abraham Maslow es la teoría de las motivaciones.

Entendía que siempre tenemos una motivación que nos hace querer mejorar y progresar.

De aquí surgen la Jerarquía de las necesidades, que a medida que se ve satisfecha una necesidad aparece la motivación que nos impulsa a satisfacer la siguiente en la escala jerárquica.

Es por esto que podemos hablar de metamotivaciones y motivaciones.

Las motivaciones como deseos que nos impulsan a satisfacer la necesidad.

Las metamotivaciones impulsan a avanzar en la escala de jerarquías de necesidades una vez satisfecho el deseo, generan un nuevo estado de tensión para ir en busca de una nueva necesidad a satisfacer.

Pero el postulado más importante es tal vez la idea de la autorrealización entendida como la realización de las potencialidades de la persona, llegar a ser plenamente humano, llegar a ser todo lo que la persona puede ser; contempla el logro de una identidad e individualidad plena.

La autocomprensión y el autoentendimiento.

Carl Roger aportó una modalidad de terapia centrada en el cliente.

Parte de la hipótesis de que el individuo posee en sí mismo medios para la autocomprensión y para el cambio del concepto de sí mismo, de las actitudes y del comportamiento autodirigido.

El terapeuta debe proporcionar un clima de actitudes psicológicas favorables para que el paciente pueda explotar dichos medios. Sin duda se trata de un cambio en el determinismo y mecanismos de las corrientes psicoanalíticas y conductista.

Lo que debe buscar el terapeuta es en primer lugar predicar con el ejemplo, ser auténtico, y mostrar la autenticidad para que la persona se vea reflejada en esa autenticidad del terapeuta.

No juzgar, analizar, etc, en otras palabras, no objetivar a la persona, sino tratarla como persona, aceptarla como persona y generar empatía, para que la persona también aprenda a aceptarse.

No rechazar una parte de su yo que se seguirá negando.

En definitiva, ayudar a la persona a verse y descubrirse según la mirada de sus propios ojos, según su propia percepción y su propia representación.

No centrarse únicamente en la información cognitiva de modalidades de ser, señalando sus errores y cómo debe mejorar.

La persona por sí misma buscará mejorar aceptándose y reconociéndose a sí misma. “Una vez logradas estas condiciones, me convierto en compañero de mi propio cliente en el transcurso de la aterradora búsqueda de sí mismo que ya se siente capaz de emprender”.

La autoestima

La autoestima refiere a la percepción que tenemos de nosotros mismos sobre la posibilidad de éxito o fracaso ante una acción o emprendimiento.

Es el valor que nos damos a nosotros mismos, generando la confianza en nuestras capacidades y respetando nuestras propias dignidad y capacidades.

Cuanto mayor sea nuestra autoestima, más preparados estaremos para las adversidades. Más felices somos, más confianza tenemos y generamos.

Es determinante para una buena autoestima el autoconocimiento y la aceptación de sí mismo.

Cuando hablamos de autoconocimiento, es conocerse de manera integral, en luces y sombras, en virtudes y defectos y aceptarlos, sobre todo los defectos y todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

Debemos aceptarnos como somos, sólo a partir de aceptarnos que somos así, comienza la autosuperación, el cambio. Mientras tanto podemos caer en excusas, justificaciones, racionalizaciones o negaciones.

Aceptarse implica aceptar lo que queremos negar de nosotros mismos pero que todo el mundo ve o puede ver.

Es querernos reconociendo nuestros defectos, comprendiéndolos como un obstáculo en nuestro desarrollo personal.

Una vez que hemos logrado el autoconocimiento y aceptación podemos estar en condiciones de vivir conscientemente, es decir, haciendonos responsables de nuestros actos, actuar de manera coherente en relación con la realidad y nuestra integridad. En otras palabras se trata de ser honestos con nosotros mismos, eso se manifiesta en autenticidad de nuestros actos.

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